Europa se encuentra en una fase de endurecimiento normativo sin precedentes respecto al acceso de menores a las plataformas digitales. De acuerdo con información de El Economista, países como Alemania han propuesto prohibir el acceso a redes sociales a menores de 14 años, incluyendo multas severas para las empresas que no verifiquen la edad de sus usuarios. Este movimiento busca mitigar los riesgos asociados al diseño adictivo de las aplicaciones más populares entre los adolescentes.
Noruega enfrenta uno de los desafíos más complejos en esta materia debido a la disparidad entre la ley y la práctica. Aunque la edad mínima oficial en el país es de 13 años, estudios gubernamentales indican que más de la mitad de los niños de nueve años ya tienen presencia activa en redes sociales. Esta estadística ha forzado a las autoridades noruegas a replantear sus mecanismos de control, buscando soluciones tecnológicas que impidan el registro de menores de forma fraudulenta.
En Italia, la discusión ha tomado matices interesantes al incluir la regulación de los llamados “kidfluencers”. Además de explorar la restricción para menores de 15 años, el gobierno italiano busca proteger a los niños que son utilizados en plataformas con fines comerciales por sus tutores. Para lograr una vigilancia real, Italia está impulsando el uso de sistemas de verificación basados en la identidad digital de los ciudadanos, un modelo que podría replicarse en toda la Unión Europea.
Grecia es el país más reciente en sumarse a esta tendencia prohibicionista. El primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, anunció que a partir del 1 de enero de 2027 se prohibirá el acceso a redes sociales a menores de 15 años. Esta decisión se fundamenta en el incremento de problemas de ansiedad y trastornos del sueño entre la juventud griega, complementando medidas previas como la prohibición de teléfonos móviles dentro de las escuelas públicas.
Por último, el Reino Unido ha optado por un camino de presión regulatoria a través de Ofcom. El organismo regulador ha advertido que las plataformas digitales están fallando en el cumplimiento de sus propias reglas de edad mínima. El Economista resalta que, bajo amenaza de sanciones económicas considerables, se ha exigido a las empresas tecnológicas acciones inmediatas para garantizar que sus entornos virtuales sean seguros para el público infantil y adolescente.