En una China marcada por la competitividad extrema y el silencio emocional, una nueva tendencia está transformando las redes sociales: los “padres virtuales”. Jóvenes de la Generación Z y millennials, como Vincent Zhang, pasan horas consumiendo videos de figuras que les ofrecen palabras de aliento que nunca escucharon en sus hogares biológicos, buscando una conexión humana que la realidad les ha negado.
De acuerdo con información de BBC NEWS MUNDO no ha cobrado fuerza ante la creciente desilusión de los jóvenes con las dinámicas familiares tradicionales. Mientras los padres reales suelen priorizar la obediencia y el éxito académico, estos creadores de contenido se centran en el bienestar emocional, preguntando algo tan sencillo pero poderoso como: “¿Eres feliz hoy?”.
Entre los influencers más queridos destacan Pan Huqian y Zhang Xiuping, una pareja que en menos de tres años ha superado los 1.8 millones de seguidores. Sus videos, grabados sin adornos, funcionan como un bálsamo para quienes se sienten agotados por el trabajo o los estudios, recordándoles que no deben exigirse demasiado y que su esfuerzo ya es suficiente.
Esta necesidad de conexión ha escalado al terreno tecnológico, especialmente en Hong Kong, donde la “economía del compañerismo” está en auge. Allí, el programa de “hijos virtuales” o “bebés de IA” permite a los jóvenes experimentar una paternidad digital sin los costos prohibitivos de la vida real, utilizando aplicaciones para criar avatares que responden con el cariño que ellos mismos anhelan recibir.
Se estima que millones de personas participan en estas comunidades digitales, ya sea como seguidores de padres virtuales o como usuarios de apps de IA. El objetivo es llenar el vacío dejado por la política del hijo único y una economía en desaceleración que ha puesto una carga emocional insoportable sobre los hombros de las nuevas generaciones.
Para muchos, como Vincent, este contenido es el “único calor humano” disponible. Aunque algunos critican la monetización de estos vínculos, los jóvenes defienden estos espacios como refugios necesarios frente a la “literatura de la sopa de calabaza”, término satírico que describe la falta de comunicación y el control excesivo de los padres biológicos chinos.