Durante la temporada de calor, pocas frutas son tan populares como la sandía. Su sabor dulce, frescura y alto contenido de agua la convierten en la favorita para combatir las altas temperaturas. Sin embargo, persiste la creencia de que comerla por la noche puede ser perjudicial para la salud.
De acuerdo con información de El Excélsior, aunque esta idea forma parte de la cultura popular en América Latina, la evidencia científica ofrece una explicación distinta. Muchas personas aseguran que provoca indigestión o eleva el azúcar, pero los especialistas señalan que los mitos suelen superar a la realidad biológica del cuerpo.
La sandía aporta vitamina C, antioxidantes y licopeno, un compuesto relacionado con beneficios cardiovasculares. Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacan que las frutas frescas son esenciales, recomendando al menos 400 gramos diarios para reducir riesgos de enfermedades crónicas.
Especialistas explican que el problema no suele ser la fruta en sí, sino la cantidad consumida. Debido a que está compuesta por un 90% de agua, su ingesta abundante antes de acostarse puede interrumpir el sueño. Esto sucede porque el cuerpo necesita eliminar el exceso de líquidos, obligando a la persona a ir al baño.
En cuanto al sistema digestivo, Cleveland Clinic señala que la sensación de “pesadez” puede deberse a la sensibilidad a la fructosa. Esto ocurre con mayor frecuencia en quienes padecen síndrome de intestino irritable, quienes podrían experimentar inflamación abdominal o gases tras una cena abundante.
Finalmente, para la mayoría de las personas sanas, comer sandía de noche no representa un riesgo real. La clave reside en la moderación y en conocer el propio cuerpo. Si no existen antecedentes de reflujo o diabetes, una porción pequeña puede ser incluso una excelente forma de mantenerse hidratado.