¿Alguna vez te has subido a tu coche después de dejarlo bajo el sol y has sentido que entraste directo a un horno casero? Pues resulta que el color de la carrocería tiene muchísimo que ver con esa bonita experiencia de sudar como loco en los primeros cinco minutos. No es solo una cuestión de estética o de qué color se ve más rudo; la ciencia ya confirmó que elegir el tono correcto de pintura te puede salvar de derretirte en el intento.
De acuerdo con un reporte buenísimo de Uno TV, el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC) se armó un experimento bastante interesante para quitarse la duda. Agarraron dos coches exactamente iguales, con los mismos acabados por dentro, pero con una sola gran diferencia: uno era totalmente blanco y el otro negro. Los dejaron estacionados bajo los rayos del sol cara a cara para ver cuál se convertía primero en un sauna sobre ruedas.
Los resultados del experimento te van a dejar helado, o más bien, bien frito. El cochecito negro se calentó de una manera impresionante, registrando zonas en el interior que llegaron a tocar los 80 grados centígrados. Por otro lado, la nave blanca se plantó mucho mejor ante el calor, alcanzando unos 63 grados; una diferencia de casi 20 grados que tu espalda y tus manos al agarrar el volante van a agradecer por completo.
La razón por la que pasa esto es pura física de la escuela, pero explicada de forma fácil. Resulta que los tonos oscuros como el negro, el azul marino o el gris rata se quedan con toda la energía que les avienta el sol y la transforman en calor puro. En cambio, los colores claros como el blanco o el plata funcionan como un espejo que rebota la radiación, logrando que la lámina de tu coche no acumule tanta energía pesada.
Así que ya te la sabes para la próxima vez que vayas a la agencia o busques un seminuevo. Si lo tuyo es dejar el carro al aire libre por horas, vete de cabeza por un blanco, un plata o un tono perlado claro. No va a evitar que el interior se ponga tibio, pero sí va a marcar un parote enorme para que el aire acondicionado enfríe rápido y manejes mucho más a gusto sin rostizarte.